Baile de Palabra
by on 2 abril, 2019 in Espectáculos en gira

Tres artistas jerezanos, jóvenes, profesionales y con proyección de futuro fueron los protagonistas del espectáculo cuyo título lo dice todo y que se puede traducir así: bailar a la palabra del cante y de la música flamenca. Tarea nada fácil cuando el baile, el cante y el toque se muestran desnudos, sin más escenografía que la austeridad del negro y unas luces hábilmente empleadas para dar realce al baile de la elegante Mercedes Ruiz.

Es verdad que la obra está sostenida tanto en la voz y en la guitarra como en el baile, pero no podemos obviar ni dejar de destacar el peso de la fuerza que impone la presencia permanente de la bailaora.

David Lagos es un excelente cantaor con camino propio y trayectoria variada, versátil, de diferentes registros y experiencia contrastada por su calidad. Cantó bien, desde la canción de Manuel Alejandro, “Preciso olvidarte”, interpretada con un gusto exquisito al compás de las bulerías lentas, hasta el número final del espectáculo. Tonás, seguiriyas y cabal, peteneras, soleá, pregones, caracoles… fueron afinados con el conocimiento preciso y la valentía generosa de quien se sabe partícipe de una empresa común. Conoce los secretos del cante (de atrás y de delante), no escatima esfuerzos ni se alivia, se la juega en cada tercio (¡Cómo cantó la cabal!) y, por todo ello, pone el toro del cante para que el baile lo toree a gusto y sin el temor de la cornada.

Santiago Lara tiene un concepto del toque flamenco alejado de la escuela jerezana, pero muy personal, que le sirve para el diálogo perfecto con el baile de su pareja artística (y sentimental). Su guitarra enamorada emite mensajes sonoros que ayudan a la intimidad de la obra. Son continuos guiños a la evidente complicidad de la pareja hasta llegar a un éxtasis dancístico que llena los corazones de sentimientos insospechados, casi siempre resumidos en la emoción que mantiene al espectador absorto. Tanto en su actuación en solitario como acompañando al cante o al baile dejó pinceladas flamencas de indudable valor. Su concepto del toque flamenco, sin embargo, está siempre en función del baile de Mercedes. Su generosidad coadyuva de manera notable al éxito final de la obra.

Qué decir de Mercedes Ruiz que ya no hayamos dicho, que no hayamos escrito. Ver su etérea figura, su aparente fragilidad, llenar el proscenio invita de inmediato a la expectativa sorpresiva. Nunca fue una bailaora previsible, ni aun cuando está sujeta a la disciplina de un guión. Su perfil de artista grande, que crece su estatura de manera enorme sobre el escenario, está definido por su planta, su distinguida desenvoltura, su fuerza, su depurada técnica y su corazón, que llega hasta el respetable para dejar mensajes de arte en estado puro, de gloria bendita, de emoción que encoge y silencia. El espectador espera el resultado final para explosionar de júbilo admirativo.

Nos gustó toda su actuación, aunque quizá en los caracoles debiera haber imprimido otro aire y usado otro vestido, más airoso, menso riguroso en el color y más cómodo. Nos gustó su entrega sin concesiones a la galería. Nos gustó su concepto del baile flamenco, que siendo el de ayer es cada vez más de hoy. Nos gustó esa búsqueda permanente de nuevas veredas expresivas. Y nos gustó su afán por dejar, una vez más, un mensaje inequívoco a los que pudimos asistir y a los que alguna vez dudaron de su valor flamenco: esta bailaora es Mercedes Ruiz. Ni más ni menos.

Un terceto desgarrador

Mercedes Ruiz estrena en una Sala Compañía a rebosar su nueva obra, Baile de Palabra, en la que recorre en compañía de David Lagos, al cante, y Santiago Lara, guitarra, los entresijos de su propio baile.

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